Estaba en el colegio y mi madre me había inscrito en un curso de pintura al óleo que se daba justo frente al Yaguachi, en el Valle de los Chillos. Yo pintaba todas las tardes sin parar y mi sueño era ser como Picasso; inventarme un lenguaje nuevo, revolucionario, maravilloso y tener un castillo. Por supuesto solo se trató de un sueño adolescente (jejeje), pero una parte del sueño si se hizo realidad; hoy me dedico a pintar y a nada más… con eso me basta y me sobra. Al ser un admirador de Picasso y sobre todo del cubismo sintético, hice muchos cuadros tratando de moverme geométricamente. Con este principio proyectaba lineas desde la figura principal hacia el borde del bastidor. Así se iba creando una especie de pared de piedra alrededor del objeto. Jugué mucho tiempo con esta forma de pintar hasta que desemboqué en los crucificados (que ya fueron parte de otras vivencias, otra cromática, otra intensión).

CIUDAD, ÓLEO SOBRE TELA